Uno de los factores que condicionan la supervivencia de un pueblo es su capacidad para dar respuesta inmediata de una manera acertada y coherente a los acidentes y patologías que, de forma individual o colectiva, sufre su población.

Hasta tiempos relativamente recientes, por las distancias a las instituciones sanitarias, cada pueblo o aldea debía contar con recursos propios para hacer frente a urgencias médicas conducentes a, al menos, minimizar los efectos de accidentes y enfermedades. De hecho, en cualquier casa había un botiquín y alguien capaz de usarlo para inmovilizar una fractura, recomponer una luxación o preparar una infusión.

Recuerdo en mi infancia en una aldea aislada del Saviñao, como se me trabó una judía en un conducto auditivo. Ni corta ni perezosa, una costurera local tomó la decisión de intervenir con sus herramientas para de forma indolora y no traumática liberar la semilla de leguminosa, operación en la que invirtió menos de 15 minutos.

Con frecuencia los excesos etílicos conducían a estados de postración incapacitantes, estado que normalmente requiere “dormir la mona” varias horas y prolongarse con una resaca otras tantas. Recuerdo como se recuperó a un vecino de ese estado en menos de una hora obligándole a mascar unas hojas de xarxa, Salvia officinalis, proporcionada por una septuagenaria del lugar, María de V., con el resultado de dejar a este hombre en condiciones de atender la urgencia para la que era requerido, concretamente un parto complicado de una vaca, parto que tuvo un final feliz.

Esta María de V. ejercíó de partera, y, años después me dijo que los partos los acortaba con un rustrido de una hierba que, aunque expontánea, nunca faltó en su huerto, la ruda, Ruta graveolans, que, como decía ella, aplicando “un sofrito na barriga, apura o mismo que o que da o Rubio”.

Además no faltaba en su despensa todo un elenco de plantas secas para infusiones y sofritos, que como decía ella “coa manteca non se distrae a herba”.

Es curioso, que años después, encontré coincidencias en otros lugares. En Quiroga me dejó un entrañable recuerdo Pilar, conocida por sus remedios con hierbas. Me confirmó el uso tocológico de la ruda en toda la comarca y me dio a conocer una planta, una artemisa de porte arbustivo y tallo leñoso, posiblemente artemisa moruna en la botánica de Rivas Mateo y en el inventario de Pio Font Quer. Vehiculada de la misma forma que se indicó antes para la ruda, sofrito a temperatura moderada, favorecía la cicatrización de las heridas al evitar la retracción de la piel y posiblemente de otros tejidos subyacentes.

La autonomía en la toma de decisiones no era exclusiva de la medicina oficiosa ejercida por prácticos empíricos o curanderos. Otra entrañable persona, médico soberino en este caso, ejerciendo su arte en la comarca de Quiroga hacia la mitad del S. XX se enfrentó con casos de meningitis bacteriana. No habiendo un protocolo eficaz, en varios caso e in extremis, multiplicó la dosis de antibiótico, superando la enfermedad.

Todo esto es una manifestación de la capacidad resolutiva en las poblaciones, de la autonomía en su toma de decisiones para la resolución de problemas diarios, de la capacidad emprendedora de la población. Ilustra igualmente la existencia de un conocimiento empírico del entorno susceptible de un aprovechamiento sostenible.

Con la regresión rural este conocimiento ha desaparecido de estos lugares, y en el mejor de los casos ha migrado con los más avezados, conservándose a lo sumo durante un par de generaciones para luego perderse en la noche de los tiempos.

Con la asumción en el último tercio del S. XX de una asistencia sanitaria generalizada, se ha favorecido la dependencia de la población de estos servicios, deviniendo en incapaz en casos de atender una urgencia perentoria salvo para llamar a los servicios de urgencias, y en cualquier caso inhibiéndose de intervenir.

Es curioso como en la década de los ochenta en casas rurales en las que diez años atrás se disponía de un material de primeros auxilios y de capacidad para ejercerlos, el botiquín devino en inexistente y los habitantes por disponer, ni siquiera disponían de un termómetro o unas tiritas.

Con la dejación de la toma de decisiones y con la dependencia institucional, ¿Cuál es el devenir de nuestros pueblos?


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