Apuntes para el renacer de un pueblo


En ecología existe el convencimiento de que una población ocupa un territorio en la medida en que puede explotar los recursos que el medio proporcione, compensando lo extraído con la reversión en el propio medio en forma de valor añadido lo que incrementa su capacidad de acogida. Si la reversión no es posible, o está obstaculizada, el ecosistema deriva a la inacción y a la progresiva pérdida de capacidad de acogida.

Con estas notas se pretende no tanto poner en evidencia un declive del interior de Galica, evidente de por sí, sino mas bien mostrar unas ideas fruto de reflexiones constructivas del autor ante la observación del progresivo abandono de la actividad productiva.

Un hipotético observador con más de medio siglo y conocedor de la ciudad de mediados del S XX constata la regresión del interior de Galicia, donde el envejecimiento de la población y la emigración de los más avezados, coduce a una dramática disminución de actividad económica con incapacidad de añadir valor a los recursos del territorio.

Las causas hay que buscarlas en el error histórico de no favorecer el desarrollo y evolución de las estructuras económicas locales que a partir de los arcaicos modelos minifundistas, con sistemas de distribución y comercialización comarcales en forma de ferias y mercados, configuraron una dinámica de explotación sostenible de recursos.

A lo largo del S XX, con la connivencia de las administraciones, en la línea de Cánovas, se produce una reubicación y concentración periurbana de los lugares de mercado y una sustitución de los proveedores. El nicho ecológico ocupado por los pequeños productores, abastecedores de mercados locales en forma de ferias periódicas, plazas de abastos y tiendas locales diarias, pasa a ser fagocitado por multinacionales y grandes empresas abastecidas con producciones foráneas de calidades medias en procesos de escala al margen de la actividad local, cerrando al pequeño productor el acceso a unos mercados en los que no es competitivo e impidiendo el flujo de valor hacia su tierra. Expulsados de su nicho, sigue el abandono de la actividad dejando de añadir valor a la comarca. Sin una compensación con otras alternativas, fuerza la migración empobreciendose genéticamente la población de emprendedores y se cronifica un abandono de lugares que no agotaron su potencial generador de valor.

La situación se agrava con el aumento de población urbana de raíces rurales que no tiene acceso a retomar los antiguos modelos de producción minorista, que aun teniéndolo, la comercialización de sus productos no sería viable en los modernos mercados a los que no accede, convirtiéndose con ello en miembros de crecientes bolsas de pobreza urbanas.

Con todo, esta situación apocalíptica se puede enderezar. Hace falta una visión no cortoplacista de tiempos. Un saber esperar por parte de sectores que con capacidad inversora obtienen sus rentabilidades en el largo plazo. Una planificación que pasa necesariamente por reactivar un modelo de gestión minorista que, en coexistencia con los mercados diseñados para economías de escala ofertantes de calidades homogéneas medias, complete la oferta con otras calidades que éstas no son capaces de proveer. Una toma de conciencia de la existencia de una demanda la calidad y la singularidad del producto antepuesta al precio a la que dan respuesta las economías minoristas. El pequeño productor por la vía de una baja producción con alta dedicación está en condiciones de poner en un mercado restringido y minoritario, y no por ello excluyente, productos “groumet” o “delicatessen”, productos en los que la singularidad, la exclusividad y por supuesto una alta calidad contrastada, son capaces de satisfacer la demanda de este mercado de los que hay ejemplos entre los vinos y aceites.

Con el mismo modelo no sería desdeñable una aportación minorista en sectores como el energético o el de nuevos materiales que de una forma sostenible y a partir de la valorización de materias residuales y de desecho se contribuya al abastecimiento del mercado. Sirvan de ejemplos la generación doméstica o local de biogas a partir de residuos hidrocarbonados, susceptible de incorporación a la red de gas ciudad, o la transformación de residuos vegetales en material termoaislante.

El desarrollo y puesta a punto de muchas de estas alternativas puede ser un elemento dinamizador comarcal. No habiendo iniciativa particular para su arranque, bien podría partir de las propias administraciones desde la promoción de grupos de investigación para el desarrollo de estos proyectos. En zonas deprimidas con actividad económica mermada, la población activa forzosamente parada, se puede integrar en equipos de investigación, desarrollo e innovación constituidos con la finalidad de desarrollar proyectos concretos, de interés para la comarca y susceptibles de expansión.

Cualquiera de estos proyectos puede tener una triple rentabilidad, social, ambiental y económica, triple rentabilidad que bien puede ser motivo para superar el cortoplacismo de algunos gobernantes y políticos. Se ocupa y recicla población sin alternativa laboral. Se afloran y gestionan de forma sostenible de los recursos de la comarca. Algunos de estos proyectos pueden ser el embrión de actividades industriales potencialmente rentables, pudiendo recuperar la inversión directa por la vía de la privatización.

Por último, señalar que el origen de las ideas de desarrollo bien puede partir del seno de la propia población que, como conocedora e interesada directa, se sentirá motivada para el fomento del desarrollo de su comarca. En este caso, el gobernante de turno habría de actuar como brujo, actuación que, haciendo mías las palabras de un veterano estadista y hombre de estado gallego, se ha de hacer realidad lo imposible.


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