El ejercicio profesional de un biólogo en la docencia y lejos de los centros superiores de investigación, permite que la vena investigadora discurra por vías insólitas al ser un personaje con cualificación suficiente para dar un principio de respuesta inmediata a cuestiones planteadas desde su entorno inmediato, respuesta que en ocasiones requiere para su elaboración de un planteamiento científico para que sea rigurosa, objetiva y repetible.

Esta actividad investigadora, rudimentaria en cuanto a materiales y métodos, se desarrolla directamente en entornos próximos a los de observación y ocurrencia, tiende a resolver o reconducir de forma objetiva y eficaz las cuestiones planteadas. Permite la observación colateral de otras situaciones que, a su vez, puedan ser origen de nuevos planteamientos y propuestas al favorecer el afloramiento de recursos potenciales cuya explotación suponga un nuevo sector emergente que contribuya a la dinamización de la economía de comarcas como las de Ribeira Sacra o Valdeorras, actualmente necesitadas de iniciativas emprendedoras que las revitalicen.

A modo de ejemplo en este contexto, y en el entorno de mis actividades en Quiroga y Monforte, he observado la existencia de frutos abandonados (o desatendidos) de nogales y avellanos, abandonados quizá por falta de promoción o de canales de distribución, o por el desinterés motivado por su aspecto menos elegante que el que presentan las variedades foráneas que inundan el comercio.

Sin entrar en planteamientos conducentes a la comercialización de los frutos, sentí curiosidad, como un simple entretenimiento, por el aceite que pudieran contener.

Pesando varios lotes de nueces sin cáscara y previa trituración, fueron sometidas a una extrusión con reducción a un octavo del volumen inicial en una pequeña prensa y en un entrono de temperatura moderadamente alta.

Resultado del prensado en estas condiciones ha sido la salida en chorro continuo de un aceite de un color amarillo pajizo y un sabor agradable recordándome al de las nueces ingeridas con pan centeno, sabor evocado de mi infancia en tierras de Saviñao, en donde se afirmaba que “con noces, pan e viño ándase o camiño” en alusión al potencial energético de este fruto.

Pero la sorpresa de la salida del aceite por extrusión se vio aumentada por el rendimiento, que expresado en volumen de aceite resultó del orden de 700 ml por Kilogramo de nuez sin cáscara, aceite que quedó prácticamente clarificado por decantación al cabo de dos días, rendimiento notable frente a otros como el olivo, más familiar, que requiere del orden de 8 a 10 Kg de aceituna para un litro de aceite. A esto habría que añadir la pasta resultante que no se ha considerado.

Esto no es más que un ejemplo de un recurso aflorado desde una iniciativa investigadora independiente y colateral al ejercicio profesional del autor y que, con una adecuada puesta en valor, puede ser la base de un sector emergente que, si no es la solución a la problemática económica y demográfica de comarcas del interior de Galicia, sí al menos puede contribuir significativamente a aliviarla.


Publicado el

por

en la categoría

,

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *